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La ciudad y los días (2ª parte)

El buen gobierno

Puede que haber leído a Maquiavelo en el insti, en clase de Ética creo, me haya ayudado a entender ciertas cosas que ocurren en el seno de algunas organizaciones, me refiero a las profesionales que frecuento, no quisiera que nadie creyera otra cosa a lo largo de todo este fragmento.

Si bien durante un tiempo fui believer de la bioética, tampoco es que haya abjurado de ella, sin embargo hoy en día es probable que no fuera mi primera opción a la hora de analizar los movimientos que te gusten o no, se producen en cualquier organización con seres humanos tratando de hacer cosas. Si además esas acciones resulta que tienen una connotación de activismo político, como todos los activismos, claro, entonces debes de tener preparado el librito de Nicola, así como el de los aforismos de Wilde, para poder ir digiriendo las píldoras que a buen seguro te va a deparar tu compromiso con la organización.

Y todo esto a cuenta de qué, pues probablemente no deje de ser un intento de captar la atención, como cualquiera que publica lo que escribe, sin embargo acontecimientos cercanos en el tiempo que no tengo mayor interés en relatar, me animan a volver a este editor maldito quizás en busca de desahogo, tal vez porque hay cosas que por más que una lo intente, siempre acaban sonando mal.

Es complicado. Siempre lo es. La información, el flujo de la información, a quién le llega y a quién no, es un aspecto común a la hora de conocer las organizaciones. Del mismo modo, la transparencia, forma parte del buen gobierno, que se aleja del propuesto por el brillante italiano. Tener a personas que voluntariamente se posicionan en asuntos delicados para sus propios intereses sin darles todos los datos es ocultarles información. Seguro que habrá buenas razones detrás, esas que suelen pavimentar el camino hacia el infierno.

Madrid, otra vez

Es curioso cómo se fijan a veces los recuerdos, bueno, de hecho es un misterio más de nuestra mente, de nuestra especie. Hace unos días rememoraba una reunión de hace unos pocos años con muchas compañeras/os, alguna ya no está, otras están enfermas, sin guardar en principio relación con la pandemia del coronavirus. Ahora voy a la particularidad para mí, todo lo que ocurrió poco antes de la declaración de la pandemia, es como si hubiera sucedido en un tiempo lejano – esto creo que es bastante generalizado- pero también con un ritmo distinto, con una amortiguación, como con sordina. Así como una se imagina que se puso el mar antes del tsunami de 2004, plano, retraído, raro. Sumado a regresar a un lugar del que guardas intensos recuerdos que se empeña en entregarte una experiencia absurda que no te cuadra para nada.

Seguramente fue la lluvia, la soledad de aquellas salas, la distancia entre personas antes cercanas. Pero la historia ya había sucedido de una manera y no importaba cómo siguiera. Aquella ocasión original, con risas y planes, con toda la vida por delante, fue la buena, como tal se queda.

El espíritu de la acción

Vuelvo a donde empecé, a través de un viaje interno más rápido que hacerlo a través de un agujero de gusano, ese es teórico, lo nuestro es tan real para cada uno de nosotros…Allí me presento con todo a punto para presentar mi alegato, segundos antes de romper a hablar, de romper el silencio, ese que es como una densa nube de vapor de agua. Y me detengo alargando esos milisegundos ya para darme tiempo, ¡tiempo! para algo, para tanto. Mientras suceden cosas a mí alrededor que tienen que ver conmigo pero sobre las que no puedo intervenir, como si estuviera en un sueño de esos paralizantes, viendo cómo se aproximan algunas caras que conozco muy bien pero no reconozco y me hablan con mucho interés, aunque luego las veo hacer muecas de burla entre ellas. Me quiero incorporar y chillarles, pero no me sale la voz, se va hacia dentro. Las figuras se alejan sin girarse, aunque sé que me oyen. Tan pronto las veo como desaparecen. Estoy soñando, estoy soñando, estoy soñando, me digo a mí misma.

Me dan la palabra y ya no quiero hablar.

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Sesión continua

Sal gorda

La actualidad metereológica se impone con nombre de mujer vintage, Filomena, con un poderío de copos de nieve de todos los tamaños, invadiendo altitudes poco habituadas a bregar con una borrasca de su magnitud. Camioneros «embolsados» en áreas de servicio, dicen los informativos de cualquier medio, ahítos de contenido distinto a la inacabable pandemia y lo que nos queda. Trabajadores al volante de regreso a casa, paralizados en las impresionantes rondas madrileñas, aguardando a los rescatadores de las distintas emergencias. Otros asalariados, los de la sanidad, en su permanente cruzada contra el SARS-CoV-2 desde hace casi un año, redoblan esfuerzos, en todos los sentidos, dotando de nuevo significado a la continuidad asistencial (gracias). Para otros, ver caer los desiguales cristales de hielo desde la confortabilidad, es una experiencia única a orillas del Ebro, tan envolvente como relajante, si no tienes que salir a romperte la crisma. El resto, voluntarios amenizando las redes con instantáneas de su paso por las irreconocibles calles, dejando testimonio una vez más de lo que aquí se entiende cuando se recomienda algo, exactamente, justo haz lo que te apetezca. No están las urgencias para fémures rotos, o para TCE.

La cuarta pared

Desde que volvieron a abrir las salas de cine, ya ni recuerdo en qué mes, he intentado acudir con regularidad. Suelo reservar butaca para la primera sesión, poco frecuentada de por sí, entre semana, para lograr aumentar al máximo el efecto buscado: desconectar lo más rápido de mi rollo para sumergirme en la historia que tengan a bien contarme, si es que hay alguna, o a deleitarme viendo y oyendo sólo lo que salga de ese telón mágico llamado pantalla, cuando las luces se apagan. Sin ánimo de establecer clasificaciones, Tommaso de Ferrara, con el superlativo Daniel Defoe haciendo de su alter ego por una Roma tan atrayente como siempre, me mató sonriendo y mirando a cámara crucificado, qué tíos. Nolan y su Tenet, vista dos veces, debió influirme lo suficiente como para revivir la experiencia, quien pudiera ir hacia atrás a rematar malos y hacia adelante a recompensar a los buenos y/o viceversa. Lo jodido de esto es que suele uno regresar para machacarse la cabeza con los errores cometidos, pero esa es otra peli. La última que vi, In the mood for love, de Wong Kar-wai, en vose, o sea en chino, creo que me hubiera dado igual que fuera muda, con la música de Umebayashi sonando desde un lugar indeterminado de mi memoria llenando todo, sumida en la contemplación de la belleza de las imágenes, de sus protagonistas. Cuánto arte cabe en una sucesión de escenas tan reveladoras dentro de su misterio, cuánta confianza en el sencillo pero entregado espectador, apelando a su propia vivencia del amor para entender, claro está, cualquier otro amor en el mundo, que vuelve a ser el de uno, probablemente. Eso, es el meollo, el resto de malestares tan nuestros, no os los cuento.

Et in Arcadia Ego

Me pasa que desde que estamos en pandemia, ya no veo a los zombies como antes. No los culpo, ellos juegan su papel desde hace tiempo en nuestras consideraciones vitales, lo que ha cambiado ha sido la vida que llevamos. Rick Grimes ya lo sabía desde la primera temporada de The Walking Dead, se lo dijo al oído aquel científico superviviente en el CDC de Atlanta, todos estaban muertos aunque siguieran vivos, ya que eran portadores del mismo virus que había convertido en zombies a los antaño vecinos, amigos, familiares, etc. al morir. Reconozco que ver correr a Rick con su sombrero y sus pistolas era un espectáculo bastante apetecible, tanto como darme cuenta de que veía la serie, que está pendiente de estreno de su última temporada (la 11ª), sobre todo por esa ambigüedad, en el fondo tan determinista, es que están todos muertos, pero no lo saben. Y qué hacen, siguen empeñados en sobrevivir, en doblegar las odds, complicadas. Se lo curran contra su propio destino, el reflejo de ellos mismos buscando su Arcadia, no podría existir sin tener enfrente a los que no lo consiguieron, tan parecidos, tan diferentes. Todos en el mismo mundo, que alguna vez habitaron en modo muy distinto. Ya no es suyo. Evanecescencia que no ha de volver y aun así, sonreirán.

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Desbandarse

Tras más de nueve meses de pandemia por el virus SARS-CoV-2 en estas latitudes, persuadidos ya de hallarnos inmersos en una suerte de función de onda con diferentes periodos pero de continuidad irrefutable, la cercanía de la vacunación en unos días, auténtico hito para la ciencia y la supervivencia, otorga a este final agónico de año nuevas posibilidades, a saber, lograr doblegar por fin a la indomable curva, en un futuro no muy lejano.

El día más corto

El soslticio de invierno llegó como acostumbra en esta época del año, a este hemisferio, acompañado de forma extraordinaria en 400 años de una conjunción planetaria, dejándose ver en algunos lugares mejor que en otros, con las consiguientes imágenes inmortalizando el cruce de órbitas, demostrando una vez más que si no lo has colgado en redes sociales, no te has enterado y de verdad que no molas. Por lo demás, el personal seguía contando huecos en la mesa y diseñando el entorno seguro en el salón de casa, para lograr conjugar la celebración más familiar del año con la superviviencia de todos los comensales. Difícil tarea. Aquí optábamos sin ambages por cancelar la navidad. Camarón, Kraus, Bowie, fueron invitados a la cena de anoche, encargada en un local de restauración cercano. La tradición es lo que cada uno cree que es, me decía a mí misma observando de reojo las manecillas del reloj de pared a la vez que seguía el recorrido de la últimas luces del día en el muro del balcón: ya empieza a alargar el tiempo.

Esa campaña de la que Ud. me habla

En este mismo blog, convenientemente rescatado de la publicación original, presentaba lo que a mi modo de ver eran los retos de la profesión a la que pertenezco teóricamente para este 2020. Entre ellos hablaba de la campaña de la OMS ( OMMMS ) conocida como Nursing Now, para fomentar la sanidad universal, never forget, centrándose en la figura de la enfermera y de la comadrona como agentes esenciales en cualquier sistema de salud. Si algunas decidieron hacer estandarte de la profesión a propósito de la iniciativa, en su derecho se hallaban, también en algunos casos de sí mismas, legítimamente de igual forma, cuestión de estilo como casi siempre. Lo que no se podía saber antes de poner en marcha la maquinaria, era que una pandemia iba a barrer la faz de la tierra, exponiendo todavía más a las enfermeras. La campaña se aplazó a la espera de circunstancias más favorables, o en otras palabras a cuando las enfermeras puedan coger días, para seguir adelante. Ha resultado en todo caso el año de las enfermeras finalmente, ha trascendido su papel a la opinión pública gracias al interés mediático, no por Nursing Now, sino por la presencia 24×7 de las/os profesionales en cualquier lugar del mundo atendiendo en condiciones a veces patéticas a los muy enfermos pacientes de Covid. La propia fuerza de la pandemia arrastró el trabajo habitual de las enfermeras a primera plana. Aun así, queda tanto trecho como nos queramos plantear. Seremos lo que queramos ser.

La noche más larga

Pasará el tiempo, afortunadamente, nos vacunaremos, seguiremos adelante, tal es el propósito ultimo de nuestra especie, volveremos a tocarnos, etc. Sin embargo, aquella despreocupación de la que podíamos disfrutar los privilegiados raramente regresará. Este trance a nivel macro-meso-micro, ha zarandeado nuestro bienestar en general, dígase la zona de confort, o hablemos de la gran pérdida, inconmesurable, de salud, en todas sus vertientes, en la fase aguda saturando los exíguos sistemas sanitarios autonómicos, en la fase crónica todavía por conocer su alcance y consecuencias. Pero los que hayan salido jodidos de esta infección macabra, pueden seguir intentándolo y hay que trabajar en ello. Las cabezas de muchos se han visto sometidas a la onda asesina sin haber dado positivo, también hay que ocuparse de ello. Pero los que se han quedado por el camino, por las estadísticas, de todas las edades, en especial los más mayores, producen un dolor quedo, ensombrecido si se quiere por la urgencia de la actualidad, real y punzante, vergonzante, de difícil asimilación. Quizás el mejor homenaje a todos esos muertos incontables sea precísamente no poder recolocar ese dolor individual y alzarlo al ámbito colectivo. Si algo me resulta alienante en mi vida es la conciencia de tener que cargar con el peso de lo que era evitable y no haber sido capaz, así, a secas. Vergüenza y memoria, en honor de los desaparecidos.

Superviviencia y evaluación, mis deseos para el 2021. Sean lo que quieran ser, besitos.

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Interiores

José Antonio Labordeta – Abrí todas las puertas (Pequeña libertad) de su disco «Que no amanece por nada»

Verano del 20

En el interior, en concreto en el llano, el verano es infernal. Las criaturas que habitan estas áridas tierras suelen desaparecer en dirección a la costa dorada. Este estío no ha sido la excepción a pesar de todo, – hay que entenderlo -, aquí en el páramo no se puede respirar en plena canícula. Aun así, en general la mascarilla ha sido la triunfadora de la temporada, lo cual tiene mérito, más de 350C, humedad relativa alta. Penitenciagite.

Ordesa

Cuando el resto del país prácticamente se desperezaba del confinamiento y las sucesivas fases, por aquí ya estábamos de subida. En previsión de un empeoramiento de la situación, opté por huir al pirineo oscense, refugio tradicional para el resto de conciudadanos no tan playeros. Así pues fuímos a parar a Torla, el pueblo a los pies del Parque Nacional de Ordesa y el Monte Perdido.

Torla ( Huesca ) – [By Aglaya72 – Own work, CC BY-SA 3.0 es, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=40599157]

Como es preceptivo, visitamos el parque de Ordesa, al que sólo se podía acceder hasta la famosa pradera del mismo en autocar. Hablamos de principios de julio, había bastante afluencia, de diferentes nacionalidades. Como en Aragón ya era obligatorio el uso de la mascarilla, aun pudiendo mantener la distancia de dos metros, allí estábamos algunos, esquivando las piedras del camino, subiendo cuesta y resoplando alegremente por debajo del imprescindible atavío. Maravillosas las fresitas silvestres.

Imagen de hjrivas en Pixabay

En el Casco

De vuelta a la depresión del Ebro, a la ciudad bañada por tres ríos y azotada por el viento del norte (el Cierzo), que entra por la corredera en cualquier momento del año, retándose a sí mismo según avanza por la cuenca kilométrica, para desvarío y deleite de sus habitantes. Al páramo de mis historias; lugar de contrastes climáticos pronunciados, gentes diversas – afines a pisar la calle – y juntarse; a la ciudad repleta de iglesias de todos los tamaños y estilos, especialmente en el barrio antiguo. Podría seguir, quizás otro día.

Un largo verano pandémico en la ciudad, asfixiante a ratos, no me quejo, sólo relato. Las ídas y venidas a la plaza de más arriba, al lado del descampado con la higuera que no da frutos, lo cual me inquieta. El aire que entra silbando por la calle, permitiendo algo de desahogo mientras miro el móvil. Allí me he visto a lo largo del verano en busca del refresco, pero sobre todo de la exclusividad de la quietud, tan difícil de encontrar en un barrio de espíritu callejero como este. También lejos del escrutinio al que nos sometemos desde que volvimos a pisar las calles, distancia, mascarilla, escaneo rápido. Me anulo (desactivo) temporalmente como ciudadana en la inacabada plazoleta.

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Groenlandia

Marte me mata

Todo el que puede envía una sonda no tripulada a Marte, como Elon Musk, los chinos y otros que no conozco. Son gente de posibles, tienen muchas ideas, pero resulta que prefieren tirar para el planeta rojo. A mí, que tengo facilidad para elucubrar, no me pasa inadvertido el patrón. Si estos se molestan en cruzar medio sistema solar, tal como está la cosa, es que por allí se cuece algo muy gordo. Cuando vi el lanzamiento desde cabo Cañaberal del cohete apañado a medias entre Musk y la NASA, supe que nos están abandonando y la melancolía terrestre se me apoderó. «Ha dejado de interesarles la Tierra, está claro, nos dan por perdidos», me dije.

De inmediato, el sentimiento de apego a la única casa que he conocido, me impelió a ver una serie de películas de ciencia-ficción buscando respuestas. Me decanté por Ad Astra e Interstellar, que las tenía pendientes.

Viajar en el tiempo

Es evidente que no soy física ( mi admiración por ellos ), luego esto no puede ponerse muy técnico. Mi punto es el siguiente, tras ver las pelis ya citadas y fascinada por el buen hacer de Dolan y Gray, concluí que, en cierta manera, cuánto más lejos llegaban, más se acercaban a su propia esencia como individuos y lo que suele ser más significativo en ese proceso, descubrían por fin sus verdaderos sentimientos por sus seres amados y finalmente, su propósito en la vida. La intención que a todos nos mueve y que a veces queda muy soterrada.

Teseracto - Wikipedia, la enciclopedia libre
Teseracto, gif cortesía de Wikipedia

Curiosamente cuando las vi, pensaba que esos viajes por el sistema solar en el caso de Ad Astra, por el universo a través de un agujero de gusano1 en Interstellar, más que en el espacio, me daba que era viajar en el tiempo. Cada protagonista emprende un viaje (sideral), que desde Ulises sabemos que es mucho más que un itinerario más o menos movido, «entenderás ya que significan las Ítacas», para reeencontrarse con su yo justo en aquel momento crítico que considera, marcó su devenir. Quién no ha fabulado con poder viajar en el tiempo y tomar un camino distinto. Que levante la primera piedra.

Pero todos sabemos que los viajes en el tiempo aun siendo teóricamente posible, no permitirían cambiar nada. Ese es el precio a pagar. Interstellar propone una vía por explorar gracias al Teseracto ( hipercubo ), cuando ya en la 5ª dimensión el personaje de McConaughey puede mandar un mensaje a su hija y de esa forma cumplir en cierta forma la promesa que le hizo ( no spoiler ). Hasta lograrlo, sólo relativamente,- no en vano hablamos del inexorable tiempo -, el protagonista y su mermante tripulación se ven contínuamente abocados a realizar análisis de coste de oportunidad a la hora de elegir destino, en base a una suerte de criterio de dosis/dependencia ( time again ). La vida es eso, en todo caso, elegir, dicen. Confieso que el final me pareció excesivamente dulzón, qué le voy a hacer.

CLUM: Gente CLUM (76): TARS y CASE, de Interstellar
Robot TARS/ CASE. Nivel de sarcasmo máximo 🙂
Interstellar (copyright)

Ad Astra creo que encarna con más claridad la tesis que planteo. El personaje de Brad Pitt se rompe internamente unas cuantas veces en ese viaje de ida y vuelta, que por tan increíble en cuanto a hazañas y su posterior supervivencia desde el arranque, recuerda a los trabajos hercúleos. La historia con su padre supongo que tiene ecos freudianos, aunque en este caso el progenitor decide por él, privándole de reescribir su historia, pero a su vez liberándolo por fin. No sé si papá Freud estaría de acuerdo.

Sin ánimo de epicidades, soy de costa, cabe destacar que ambos héroes ( que lo son ), sufren un proceso de deconstrucción en sendas identidades, tampoco me atrevo a calificarlos de anti-héroes, pero sí que llegan a ser bastante más humanos que cuando los conocimos. ¿Suficiente para el espectador?, no lo sé.

Misión espacial: salvar la Tierra

Ambas películas comparten además un punto de partida similar, el de habitar un planeta muy diezmado por la acción del hombre, que ha producido grandes desequilibrios, modificando de forma irreversible la vida en él.

Nuestros héroes NASA ( lo siento Elon ), por supuesto born in the USA, salen pitando del planeta azul porque está la cosa muy mala. La tormenta de arena amenazante tamaño continental de Interstellar, se acaba convirtiendo en otro personaje cada vez con mayor protagonismo. No deja crecer la vida bajo su influjo o incluso la arrebata. La hostilidad ambiental también se deja notar en Ad Astra, con un reflexivo Brad Pitt valorando cómo destrozamos al planeta.

Ellos lo saben, nos lo hacen saber a través de una espectacularidad y fantasía que no puede, sin embargo, ocultar esa dolorosa verdad. Nos quedamos sin casa.

En los últimos días Groenlandia, la antaño Tierra verde, ha aparecido de nuevo en los titulares de prensa por un estudio2 que, tras analizar las mediciones en más de doscientos puntos de la inmensa isla, afirma que la otrora kilométrica capa de hielo ha llegado al punto de no retorno, a partir del cuál su derretimiento progresivo es ya irreversible, aunque mejoraran los parámetros que han producido su modificación. A saber, ( sigo sin ser física ), atendiendo a lo leído, el calentamiento global producido por la emisión constante de combustibles fósiles a la atmósfera.

El panorama es bastante desalentador. Probablemente seremos los últimos que hayamos tenido el privilegio de disfrutar de un mundo único, sin parangón en el universo conocido. No se puede decir que no nos lo hayan advertido los científicos, ambientalistas, directores de cine, escritores, agricultores, pescadores…Puede que hasta tú hayas notado cambios sutiles en tu entorno, o no tanto.

1- https://francis.naukas.com/2020/08/18/maldacena-y-milekhin-explican-el-agujero-de-gusano-de-la-pelicula-interstellar-2014-usando-la-teoria-de-randall-sundrum/

2- https://phys.org/news/2020-08-greenland-ice-sheet.html

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Yo, enfermera

Mi profesión enfermera está en continua evolución. Antes de terminar la escuela creía saber qué íba a hacer con mucha claridad. En realidad ha sido muy poco lo que se ha cumplido de mis planes, aunque curiosamente, no me importa. La enfermería es una carrera de fondo.

Hasta que no llevaba años trabajando no supe qué era ser enfermera. Intuía la humildad de una actividad que te obliga a fijarte siempre, a no dar nada por hecho, a revisar y comprobar tu propio trabajo de manera sistemática.

Eso lo pude aprender con tiempo, interés, formación, experiencia y sobre todo, fijarme en otras enfermeras, tcaes, médicos…Y en los pacientes y sus allegados. Aun sigo en ello.

Ser enfermera no es fácil. Lo mejor es poder hacer algo distintivo por el bienestar y/o la salud de alguien. Lo peor, para mí, tener que andar «pidiendo permiso» para desarrollar nuestras capacidades.

Para cuidar, una enfermera requiere años de esfuerzo, observación, práctica, adquisición de conocimientos, disciplina, compromiso; de saber adaptarse a cambios de horarios, de servicios, de personal, de jefes…

Al cabo de todo este periplo, he desarrollado mi propia definición de enfermería: 90% know-how, el resto lo divido entre intuición e intención de cuidar.

La lucha interna es a veces dura de sobrellevar, de comprender. Pero no tengo dudas acerca de la necesidad de mi profesión actual, de su valor único para el paciente, el médico y otros profesionales sanitarios, para el sistema sanitario, la comunidad y esta sociedad.

No apoyar la autonomía profesional de una enfermera es no tener en cuenta su trabajo sistemático, su compromiso, su existencia.

Sé que vienen tiempos de cambio, los veo y los noto, me siento reconfortada por ello. Sin embargo, el poner en contradicción la profesión en su amplia actividad con la ley nos hace daño, nos empequeñece y aparta de nuestra función reconocida por titulación. No nos deja trabajar como sabemos.

Reconocer el corpus único de la enfermería es apostar por su avance sin retrocesos, mirando de dentro a fuera.

A los nuevos legisladores les corresponde resituar el marco normativo para que enfoque perfectamente con la realidad profesional. No hacerlo nos afecta a todos.

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Primavera distópica

coronavirus

-Fotografía publicada en el Heraldo de Aragón, escultura de José Azul-

Me gustaría pensar que vuelvo a mi dominio – literal – a consecuencia de verme en la obligación de compartir una visión de las cosas que nos ocupan que fuera de utilidad. Si alguien recuerda mis anteriores entradas, que tendría mérito, sabe que por aquí cabe de todo y no exclusivamente profesional, como dicen a veces las almas diplomáticas. Pues no, pues no. Acabo regresando al maldito editor en blanco, tan inmaculado como amenazante, en un momento o etapa mejor, poco o nada oportuna para desvariar. ¿Y entonces, reina?

Como nunca sé muy bien ni muy mal porque aparezco por aquí, prefiero algo contar.

Cuenca

A finales de febrero nos presentamos en Cuenca, con bastante calor por cierto. Fiel a mi dilatada experiencia como conductora de carreteras secundarias, en el mejor día, siempre alentada por esos bellos paisajes que aguardan a los aventureros ajenos a las rutas directas, vimos probablemente la mitad de la provincia a través de la ventanilla semi-bajada. Por supuesto no se paró, con lo que la llegada a la elevada ciudad fue con ansias.

Nos adentramos por las calles a la búsqueda de esos rincones desconocidos, en realidad todos, valorando especialmente los tramos urbanos de varios ríos que atraviesan la ciudad, hay que entender que somos de secano. Me gustaron particularmente las fuentes que el visitante se va encontrando. La gente de una edad recordamos que antes había muchas, y ahora o están cerradas o no funcionan. Así es imposible que se beba del grifo.

El mejor día allí fue recorriendo con el coche las carreteras de montaña, hasta la ciudad encantada, donde un guía animador nos íba contando sobre las piedras y sobre lo que se le íba ocurriendo. Se le veía un gran admirador de la naturaleza, nos contó sobre los quebranta-huesos de hasta tres metros que anidaban por allí cerca, y naturalmente el resto del día me lo pasé intentado sorprender a los pobres a vuelta de curva, pero no pudo ser. En vistas de que aun quedaba día por delante, me empeñé en seguir viendo ríos, probablemente haya alguna razón oculta en este interés, y nos presentamos en el nacimiento del río Cuervo, como otros cientos más. Aun así, merece la pena. A la vuelta comimos un menú castellano-manchego absolutamente desproporcionado para el poco gasto calórico a realizar, y por tanto disfrutado gozosamente.

Antes de volver al barrio paré en la laguna de Gallocanta, en un día esplendido, pero tarde para ver a las grullas. Las grullas no esperan, hija.

Además compramos bombones y una lata de carne, quién sabe porqué. Pero ese viajecillo es el último recuerdo luminoso, incluso placentero, en algo más de un mes. Sólo ha pasado un mes.

Pandémica y celeste

«Para saber de amor, para aprenderle,
haber estado solo es necesario.
Y es necesario en cuatrocientas noches
-con cuatrocientos cuerpos diferentes-
haber hecho el amor. Que sus misterios,
como dijo el poeta, son del alma,
pero un cuerpo es el libro en que se leen.»

Que nadie se extrañe si una recurre a la poesía en tiempos del coronavirus. Al menos antes de conocerlo lo recibí pensando en el poema de Gil de Biedma, supongo que esperando coger distancia suficiente como para poder tener perspectiva de lo que se nos venía encima. Me pilló por sorpresa, a pesar de ya estar advertida, y viví como profesional la entrada lenta pero inexorable de la enfermedad en la planta, recogiendo al principio frotis, luego cuidando a los ya contagiados. En pocos días no había nada más. Problemas con los materiales para protegernos, la mascarilla alargaba su vida útil tras cada reunión de las altas esferas…

Starry, starry night

Camino de un mes de semi-confinamiento, en el que he alternado la preocupación con la culpa, con el estrés, hasta que un día decidí simplificar, harta de no poder hacerme con las cifras, por la impotencia de ver marchar a pacientes cada día. No me quejo, otros compañeros han estado peor. Y acabas viviendo al día.

Volver a casa después del hospital, caminando por las calles del Casco vaciadas, sin apenas ruido, te hace sentir, si tienes cierta propensión, como Rick Grimes pero sin sombrero. Ese efecto casi alucinógeno me duró unos días, agradecida.

Ahora sigo flipando pero ya no es tan satisfactorio. Salir a la calle es asistir a un auténtico show-room de modelos de protección, mascarillas mil, guantes, hasta monos completos he visto. Es curioso pero me resulta ofensivo. Tengo la piel fina.

Y esa sensación, que va creciendo imparable, de un duelo tamaño xxl que no nos podemos permitir, pero que algún día habrá que dejar ir, para honrar a los ciudadanos que se ha llevado por delante esta pandemia gris y devastadora, inevitable dice Taleb, pero que aun sabiendo, no esperábamos así.

 

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 Enfermeras por el clima

Publicado originalmente en #FanzinEnfermería, junio 2019

Cada viernes desde hace unos meses, Greta, – @GretaThunberg – al principio sola y ahora acompañada por miles de jóvenes estudiantes como ella, no va a clase y se manifiesta a cambio en cualquier lugar del mundo, tras la pancarta con los lemas #FridaysForFuture o #ClimateStrike entre otros, que se han hecho virales en RR.SS.; en una suerte de binomio activista cibernético y presencial bastante potente. 

Hasta llegar aquí, ha habido, (hay) grandes defensores del medio ambiente, responsables de haber creado conciencia sobre la necesidad de protegerlo. Como la germana ecofeminista Petra Kelly, quien fundó el primer partido verde del mundo. Treinta años después, los verdes han conseguido sus mejores resultados en una elecciones europeas, obteniendo el 4º lugar en cuanto a escaños en Estrasburgo.  O en España el añorado Félix Rodríguez de la Fuente, gran comunicador, artífice del cambio de mentalidad de varias generaciones de ciudadanos hacia el entorno y sus moradores. Y miles de anónimos y valientes defensores.

El logro de la menuda estudiante sueca, que ha sido invitada como voz autorizada a eventos muy diversos en instituciones y organismos internacionales, -como en el Parlamento Europeo hace poco, u ocupando portadas en publicaciones internacionales como Time-, ha sido contar al mundo, apelando al futuro que les espera a las generaciones venideras, la importancia de tomar medidas ahora, sin demora, para contrarrestar los efectos del cambio climático y tratar de ponerles freno. En juego el futuro del planeta y en consecuencia la supervivencia de la especie.

Vivimos en la era de los datos. En el caso que nos ocupa, hace años que se recogen datos que invariablemente dibujan una realidad ya insoslayable. Cabría preguntarse, nosotras lo hacemos, por qué no se han tenido en cuenta de una forma inequívoca, tanto como su naturaleza. De hecho, tras haber sido sistemáticamente ignorados, habría que hablar en rigor, según los científicos, de emergencia climática, catástrofe o colapso. 

La comunidad científica trabaja intensamente en la generación de nuevos conocimientos y en la lucha contra la desinformación sobre los efectos del cambio climático en la salud, sobre los factores que aumentan la vulnerabilidad y sobre la efectividad de las estrategias de adaptación y mitigación.

El panorama al que asistimos en nuestra casa, la única que ha conocido la humanidad, que le ha permitido progresar de una forma tan espectacular, nuestro hogar y de nuestros ancestros, el planeta azul, lo que presenciamos en tiempo real, es la degradación del medio ambiente, de la flora y de la fauna, que ven reducida su diversidad de forma galopante. 

Los principales diarios del mundo abren edición tratando abiertamente de emergencia climática. La situación de nuestro hábitat es tan evidente y a la vez se hace tan poco por remediarlo, que el fenómeno de activismo sin precedentes que estamos viviendo es un fiel reflejo de su magnitud. Por primera vez quizás en la historia muchos grupos distintos convergen hacia un único movimiento global de llamada a la acción a los gobiernos.

Como enfermeras, leemos con preocupación lo expuesto. También observamos nuestro entorno, vemos como se ha deteriorado en algunos casos, incluyendo el clima, caótico. Nos preguntamos acerca de los efectos negativos sobre la salud de las personas, en un temido paralelismo con los animales y las plantas. Tenemos que ser conscientes de que las condiciones actuales y sobre todo futuras, van a requerir de una adaptación generalizada, también en salud. Algunas de las amenazas son las altas temperaturas, la contaminación en todas sus formas, especialmente aérea, pero también las enfermedades endémicas de zonas remotas que por efecto del cambio climático aparecen en cualquier lugar, entre otras. 

No podemos seguir ignorando lo que tenemos encima, sería una irresponsabilidad, urge voluntad política, las soluciones están al alcance de nuestras manos. Y también nuestra respuesta debe ir en la dirección de otros grupos y colectivos, pasando a la acción. Creemos que como enfermeras podemos hacer las cosas de otra manera, también en lo que respecta al cuidado en su dimensión ampliada. Buscamos comprometernos con pequeños gestos de entrada para poder seguir avanzando posteriormente. 

Al igual que los estudiantes, las madres, los científicos…queremos significarnos como colectivo en permanente contacto con personas y sus hábitos, seamos #enfermerasxelclima.

@IsabelPrez10 & @susanllero

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20 propuestas enfermeras para 2020 

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Publicado originalmente en Fanzine Nuestra Enfermería, enero 2020

#enfermeras2020

Nos da la sensación de que el tiempo pasa muy rápido; siempre liados con nuestros turnos, obligaciones familiares, asuntos personales varios…Y la redacción bimensual de nuestro escrito en el #Fanzine, que nos mantiene con la antena puesta y rumiando hasta que lanzamos nuestra propuesta. Nos gusta creer que tratamos los temas de forma abierta, para recibir comentarios e idealmente establecer un debate acerca de ellos. 

En esta ocasión y aprovechando la cercanía del fin de año, y de década, nos mueve ese espíritu colaborativo al meternos a fondo en uno de los must más habituales de estas fechas: la confección de listas, rankings y demás top. No pensamos resistir la tentación de confeccionar nuestro propio listado y por eso caemos en ella.

 

  • Enfermeras 2020

 

La primera propuesta estaba cantada, en efecto, el año 2020 ha sido proclamado por la Organización Mundial de la Salud como el “Año de las enfermeras y matronas”, coincidiendo con el bicentenario del nacimiento de la considerada fundadora de la enfermería moderna, Florence Nightingale. Para articular la conmemoración, se ha constituido una iniciativa a nivel mundial #NursingNow, con numerosos grupos locales en los diferentes países. Las expectativas acerca del alcance de la campaña son altas y no exentas de controversia. Será la ocasión de ver si somos capaces de ofrecer una imagen profesional común a nivel internacional. Teniendo en cuenta el contexto de desarrollo de la asistencia sanitaria y acceso a la misma que persigue la proclamación de la OMS.

  • Transparencia colegial

En segundo lugar destacamos la transparencia colegial, ya que como colectivo no podemos permitirnos instituciones que nos representen sin atender a los criterios exigibles a cualquier organismo democrático en el siglo XXI. Mientras haya una mayoría de colegios que no convoquen elecciones de forma que la mayor parte de sus colegiados puedan acudir, o no, a votar a diferentes candidaturas, no podremos desarrollar en condiciones nuestra profesionalidad. 

  • Precariedad laboral

La tercera propuesta no se podía hacer esperar, en esta lista de algo más que deseos. En efecto, las condiciones laborales de muchas profesionales son precarias, lo que supone  inseguridad como estado profesional, que no puede garantizar la calidad de su desempeño. Y eso no lo decimos aquí, es público y notorio. Además es una situación injusta, que atenta contra los derechos de los trabajadores, produciendo un desequilibrio entre plantillas difícil de asimilar. La solución no es fácil, pues debe aunar el esfuerzo de muchos, pero está claro que sin el compromiso individual no puede prosperar. 

  • Gestión humana

Las enfermeras somos humanas, personas que cuidan de personas y necesitamos que nuestros gestores se esfuercen en mantener y cuidar nuestro sistema sanitario público. A lo largo de nuestra vida laboral son muchas las horas invertidas en nuestro trabajo, muchas las historias de vida que pasan por nuestro camino y nos muestran las deficiencias subsanables del sistema que con un poco de esfuerzo y alfabetización podríamos mejorar tanto en la población como en los equipos. Pedimos al 2020 fuerza para continuar en el empeño de la mejora continua por y para nuestros pacientes, olvidando egos y ombligos con un sustento de apoyo firme articulado por la escucha activa y la inmersión real en la trinchera, porque para gestionar para todos se debe pisar tierra y realidad.

  • Entre Pinto y Valdemoro

La profesión enfermera ha evolucionado mucho en los últimos años, tanto que nos parece absurdo continuar siendo “chicas para todo”. Por este motivo, aunque nuestra polivalencia tal vez sea una de nuestras fortalezas, le pedimos a 2020 un cambio real en la profesión que permita desarrollar nuestro trabajo de manera segura, especializada y dirigida a ofrecer cuidados excelentes. 

  • I+D+i Enfermero

Son muchas las enfermeras que quieren investigar, porque sabemos que la evidencia científica es el camino que muestra la buena dirección para obtener los mejores resultados y así aplicarlos a los cuidados de nuestros pacientes. Las barreras que encontramos son muchas, por eso le pedimos a 2020 que facilite el acceso a las enfermeras que quieren mejorar los cuidados basándose en la evidencia y para ello proponemos una apertura de puertas y ventanas en centros de trabajo, universidades, institutos de investigación y sociedades científicas que permitan flujos de información veraz, generando grupos de trabajo que exploten sus altas capacidades de manera transparente para impulsar e implementar un cambio necesario.

  • Sororidad enfermera

Sólo entre iguales tiene sentido avanzar. Algo tan elemental, en nuestra profesión supone todo un punto de rotura, puesto que existen diferencias bien palpables entre profesionales, probablemente heredadas de una determinada cultura corporativa o tradición basada en la jerarquía, así como las diferencias respecto a la filiación con la empresa. En todo caso, la violencia horizontal debe de ser erradicada de una vez por todas, porque supone un lastre, por injusta y por rancia. Apoyémonos las unas a las otras por fin.

  • Espíritu enfermero

Vocación de cuidar, querer ser enfermera, ese sentimiento profundo que para algunos nace de muy adentro convirtiéndose en una manera de vivir, de escuchar, la intención de cuidar. El espíritu enfermero se conforma por “el ser” y “el estar”, que se desarrolla con la acción que va acumulando en la mochila experiencias, acompañado siempre por la mirada enfermera que desde la utopía, ansía lograr el equilibrio complejo de la justicia social, deseando un reparto equitativo y justo para lograr un mundo más sano. En 2020 queremos contagiar el espíritu enfermero de cuidar de manera íntegra y global atendiendo al medio y al entorno, enfocados en la mejora con las familias y pacientes siguiendo nuestro plan (que abarca desde el nacimiento hasta la muerte), con el convencimiento de que otra forma más interconectada, eficiente y eficaz es posible con una correcta alfabetización en salud. Por eso nuestra propuesta es seguir cultivando y ampliando las redes de personas, de conocimiento y de profesionales que ya están vivas y no paran de crecer.

  • Política a todos los niveles 

Queremos que las enfermeras estén en todas las mesas donde se tomen decisiones sobre salud y sanidad, porque sabemos lo que afecta a nuestra población. Nosotras les acompañamos, cuidamos y curamos en todo el ciclo vital. Por este motivo en 2020 trabajemos para articular los cuidados con una gestión integral dentro del continuo asistencial. Demos ese paso y alcemos la voz cada vez que nos corresponda, o vayamos a sentarnos con nuestra propia silla allá donde haga falta. Esta propuesta está relacionada con toda la política, todas las políticas y la gestión de todos los equipos, unidades, establecimientos y servicios de salud desde el liderazgo formal e informal con la responsabilidad individual profesional de las enfermeras que ya tienen claro que no desean dar ni un paso atrás. 

  • Cuidado global

Lograr la continuidad en los cuidados sigue siendo para las enfermeras una dura tarea, por la rigidez institucional que muchas veces no permite implantar caminos ligeros de conexión que faciliten el trabajo diario, aunque se crean nuevos roles, no logramos integrar el trabajo multidisciplinar en los diferentes niveles asistenciales con el único objetivo: “cuidar a nuestros pacientes de manera integral”; cuidar globalmente al paciente, al entorno y protegiendo el medio, porque entendemos que es responsabilidad de todos cuidar el planeta. Creemos que debemos  apoyar cualquier causa que defienda la protección de nuestro entorno físico y químico, la seguridad de nuestros ambientes psicosociales y el bienestar o la salud de nuestras relaciones personales y redes sociofamiliares.

  • Enfermeras actuales 

Lo que nos define como profesión es la visión que tenemos de nuestro pasado y lo que hacemos en el presente mirando hacia el futuro. Las enfermeras de ahora son las que cada día están elaborando nuestra historia y sobre las que hablaremos en el futuro. Deberíamos tener en cuenta hacia dónde vamos o hacia dónde queremos que vayan los cuidados, porque eso nos dará un sentido de responsabilidad individual, de pertenencia colectiva y de pertinencia para el trabajo que hacemos cada día. Una perspectiva coherente nos enraizará bien en el aquí y ahora cotidiano, para disfrutar de nuestro momento y lugar mientras mantenemos una conciencia global de lo que somos y hacia dónde avanzamos. 

  • Defensa sindical

Enfermeras de profesión necesitamos un sindicato que represente y reconozca el trabajo realizado. Por eso le pedimos a 2020 que nos traiga un sindicato que vea y entienda nuestro trabajo desde la trinchera, que defienda nuestros intereses, que nos proteja en nuestro puesto de trabajo y obligue al cumplimiento de la ley de prevención de riesgos laborales, que se ocupen de que no estemos expuestos a citotóxicos sin epis, que tengamos medios para uso y desecho no solo la trazabilidad en lo referente a medicamentos peligrosos, que nos protejan en el embarazo, en la lactancia, que valoren nuestra profesión, nuestras funciones y nuestro trabajo, que tengan capacidad de sonrojo ante los que ni ven, ni oyen ni entienden, porque para saber se tiene que estar y para que nos valoren, nosotras mismas debemos mostrarnos. Con transparencia, con las enfermeras y por las enfermeras que cuidan y necesitan ser cuidadas, nos queda mucho por hacer.

  • Id_enfermera

A lo largo de nuestra historia como profesión, -que por cierto debemos conocer para aprender de nuestros aciertos y errores- a nivel de país, hemos tenido la oportunidad de definirnos a pesar, o a causa de nuestra evolución, principalmente motivada por los cambios en los planes de estudio y el paso fundamental de oficio a profesión. A estas alturas algunos nos seguimos preguntando si ya somos por completo lo que queremos ser, o todavía andamos diletantes entre lo que se espera de nosotros y lo que nos dejan ser. Creemos que como colectivo profesional, nos compete en exclusiva formalizar una hoja de ruta consensuada entre todos los integrantes interesados que nos lleve a alcanzar una identidad enfermera. Para lograrlo, apostamos por el debate y la reflexión previo para posteriormente unificar criterios. Pretendemos que los representantes en los distintos estamentos defiendan y reivindiquen lo que las enfermeras decidan, y sólo eso.

  • Contracultura Enfermera 

 El aspecto sociocultural del cuidado con diferentes enfoques, a veces anclados en el “siempre se ha hecho así”, despertó las inquietudes enfermeras en búsqueda de la mejor evidencia y género una contracultura enfermera que reivindica la necesidad de cambios reales, palpables y estratégicos, enfermeras que crean redes a través de inicios apasionados, que prenden mecha generando preguntas, compartiendo conocimientos y experiencias de vida enfermera, como sucede en el fanzine @NEnfermera, donde surge la magia de la ilusión y el empuje, que genera trabajos colaborativos en busca de mejoras y en la libertad y el respeto se habla alto y claro para visibilizar el mundo enfermero desde la realidad y el compromiso.

  • Agitar las redes

Nuestra dimensión social está formada por las conexiones y redes de relaciones que ocurren en distintas dimensiones de nuestra existencia Esas que las enfermeras tejemos entre nosotras y con otros profesionales sanitarios, pero también con otros sectores y otras personas que comparten inquietudes, sufrimiento, experiencias y conocimiento sobre sus propios procesos de salud o enfermedad. Agitando las redes formales e informales pretendemos catalizar aquellas conexiones que fomenten la cultura salubrista y el conocimiento enfermero como pilares para el bien común. 

  • Mirada enfermera

La mirada enfermera como paradigma de salud. Porque es mirada de artista, científica, humanista, filósofa, aventurera, provocadora… desde el prisma sesgado del profesional de enfermería que condiciona el cristal de nuestras gafas y es gracias a ello por lo que somos capaces de innovar con ideas facilitadoras para los cuidados, que ansiamos integrar en el continuo asistencial aplicándolo a la vida cotidiana para evitar reingresos, reagudizaciones y ayudar a las familias en el mantenimiento del equilibrio con fragilidad. Pretendemos que en 2020 esa mirada liderada por enfermeras tome protagonismo para articular cambios necesarios y urgentes en el sistema.

  • Liderazgo enfermero 

 En busca del faro que nos oriente y guíe en la compleja misión de conseguir un liderazgo profesional, con formación especializada que no dependa de puestos a dedo, transparente e integrado, que escuche a las enfermeras y las permita trabajar, que despeje los muchos frentes abiertos que sólo aportan ruido y caos, para centrarse en la organización, el orden, las personas y los objetivos apoyados en la evidencia científica, que conduzcan a mejorar para dar unos cuidados de calidad. Sin egos y enfocados en el objetivo de mejora. Que cada pieza desarrolle su trabajo permitiendo montar el puzzle, que sea palanca de cambio para dentro de los equipos con líderes formales e informales, crear redes de trabajo y excelencia para los trabajadores, para los pacientes y familiares logrando así un entorno seguro de trabajo reforzado por la actualización constante y un protagonismo real de pacientes y familiares gracias a la educación para la salud.

  • Orgullo de cuidar 

Son muchas las enfermeras que decidieron por vocación estudiar enfermería, otras se embarcaron en la carrera por otras motivaciones, pero lo que casi todas acaban afirmando es que cuidar a los demás es maravilloso porque siempre recibes más de lo que das. Entender y respetar el orgullo de cuidar no va de propuestas, va de escucha, de empatía de mucha carga emocional que en ocasiones se omite generando grandes vacíos y silencios interprofesionales que desgastan equipos. Son tantos los momentos que nuestra profesión nos regala en abrazos, caricias y agradecimientos que no es fácil describirlo. Nuestra profesión es dura, por la carga emocional, duele por los desenlaces trágicos y desde luego no está pagada con dinero, pero para las enfermeras es un orgullo cuidar y deseamos que en este 2020 se reconozca de verdad la labor histórica y actual de las  enfermeras que han ocupado un espacio junto a los enfermos, necesitados y vulnerables siempre.

  • Manos y cabeza

Las enfermeras somos casi la mitad del personal sanitario de todo el mundo. Solemos hablar de nuestro trabajo como mano de obra y ya va siendo hora de asumir que también somos cabeza de la obra. Nuestro protagonismo no necesita reconocimiento externo, sino autoreconocimiento y liderazgo desde las propias enfermeras. Solamente así será posible mejorar nuestro compromiso de participación asistencial, gestora, académica, investigadora, social y cultural, así como nuestra gran responsabilidad colectiva.

  • Autocuidado transformador

La relevancia internacional de los problemas de salud es, precisamente, planetaria. Y nuestros cuidados enfermeros, como decimos, están en constante interacción con el mundo que nos rodea. Por eso, considerando que somos una red de sistemas abiertos interconectados, el autocuidado adquiere la importancia de una herramienta transformadora que trasciende la propia salud. Al expandir nuestra propia conciencia como enfermeras individuales locales y como colectivo profesional general, estaremos contribuyendo de manera directa a nuestro objetivo de servir y promocionar la salud global.

Escrito entre @IsabelPrez10, @antonReina y @susanllero 

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Cara B

Una guarda sus discos de vinilo como lo que son, círculos concéntricos de recuerdos. Los de mi generación somos unos raros porque, entre otras cosas, hemos escuchado música que es algo consustancial a cualquier vida humana que se precie, en tantos formatos y en otros cuantos dispositivos ad hoc respectivos, que cualquiera podría montar un museo con cada fondo de altillo. A saber, vinilos, cassettes, cd, etc.

Pero vuelvo a los vinilos. A pesar de la peculiaridad de sus cuidados, o quizás a consecuencia de ellos, poner un disco era todo un ritual. A ojos de una nena, elegir el momento, el acompañamiento musical, era un acto de autonomía interesante. De elección personal, buscando la intimidad en ciernes que entonces se intuía pero que no podía calibrar todavía; quedaba darle sentido a lo que oía.

Lo mejor de los discos de vinilo era que tenían, tienen, dos caras. Como tantas cosas en la vida. Era curioso como durante muchos años las canciones más potentes comercialmente se ponían en la cara A, pero en la cara B siempre había material del bueno, más complicado de sacar, quizás, las «rarezas». La cuestión era que como nos enterábamos del lanzamiento de un nuevo trabajo discográfico vía emisora de radio en bastantes ocasiones, primero «pinchaban» los números 1 o con más posibilidades, a efectos prácticos, los que estaban en la cara A; pero para escuchar la cara B había que hacer un ejercicio de voluntad, una vez lo tenías en casa. Ibas de por libre.

Esa es la historia, a donde quería llegar. La cara B puede que fuera relleno en algunos casos, pero en general era repertorio especial. Seguía siendo el grupo o solista aunque no lo relacionaras de entrada porque no había sonado. Cuando uno es capaz de asimilar que «las cosas» son tanto lo que se ve o acepta como lo que no está a mano pero existe, pongamos que el panorama se amplía. Y eso a algunos, nos gusta.


El bajo callejero que toca al lado de la tiendecita francesa, con una sonrisa permanente en la boca, enchufado a su amplificador, hoy toca a Led Zeppelin, cuando me acerco protegiéndome del Cierzo. Toca bien. La música que reconozco, que forma parte de mi educación personal, ejerce en ese instante un efecto de sincronía entre sus acordes y mis pasos, también mi ritmo interno. A mí la buena música, bien interpretada, me traspasa. Me acompasa y no me importa reconocerlo. Le echo unas monedas, siempre con vergüenza, siempre con convencimiento. Tiene que seguir sonando la música en la calle.

Ese músico me hace pensar en lo breve que es todo, en la memoria presente a veces a cada paso, que indica que ya vas peinando canas. Y también me sugiere que tanto él como otras cosas que he conocido les queda poco recorrido, porqué los tiempos han cambiado mucho. Lo curioso de todo esto es que una va caminando por la vida y sigue reconociendo a veces ciertos sonidos, que van clavados a recuerdos que quizás también estén en riesgo de desaparecer.

Me ha salido una cara B un poco melancólica, puede que sea fruto de haber superado un año más la fiestas navideñas, que tan poco celebramos algunos aunque nos influyan paradójicamente. O a lo mejor es la propia cara B, que contempla los «fogonazos» y les da la réplica. Buen año.