Mi profesión enfermera está en continua evolución. Antes de terminar la escuela creía saber qué íba a hacer con mucha claridad. En realidad ha sido muy poco lo que se ha cumplido de mis planes, aunque curiosamente, no me importa. La enfermería es una carrera de fondo.

Hasta que no llevaba años trabajando no supe qué era ser enfermera. Intuía la humildad de una actividad que te obliga a fijarte siempre, a no dar nada por hecho, a revisar y comprobar tu propio trabajo de manera sistemática.

Eso lo pude aprender con tiempo, interés, formación, experiencia y sobre todo, fijarme en otras enfermeras, tcaes, médicos…Y en los pacientes y sus allegados. Aun sigo en ello.

Ser enfermera no es fácil. Lo mejor es poder hacer algo distintivo por el bienestar y/o la salud de alguien. Lo peor, para mí, tener que andar “pidiendo permiso” para desarrollar nuestras capacidades.

Para cuidar, una enfermera requiere años de esfuerzo, observación, práctica, adquisición de conocimientos, disciplina, compromiso; de saber adaptarse a cambios de horarios, de servicios, de personal, de jefes…

Al cabo de todo este periplo, he desarrollado mi propia definición de enfermería: 90% know-how, el resto lo divido entre intuición e intención de cuidar.

La lucha interna es a veces dura de sobrellevar, de comprender. Pero no tengo dudas acerca de la necesidad de mi profesión actual, de su valor único para el paciente, el médico y otros profesionales sanitarios, para el sistema sanitario, la comunidad y esta sociedad.

No apoyar la autonomía profesional de una enfermera es no tener en cuenta su trabajo sistemático, su compromiso, su existencia.

Sé que vienen tiempos de cambio, los veo y los noto, me siento reconfortada por ello. Sin embargo, el poner en contradicción la profesión en su amplia actividad con la ley nos hace daño, nos empequeñece y aparta de nuestra función reconocida por titulación. No nos deja trabajar como sabemos.

Reconocer el corpus único de la enfermería es apostar por su avance sin retrocesos, mirando de dentro a fuera.

A los nuevos legisladores les corresponde resituar el marco normativo para que enfoque perfectamente con la realidad profesional. No hacerlo nos afecta a todos.